La Mujer Mayúscula y el Mar
~ Matrix está cambiando ~
(pero no mucho)
Hoy ha sido de esos días. De los que alguien en el hospital te agarra la mano un poco más fuerte de la cuenta y por un momento abres los ojos. Sales del trance, ves la vida al otro lado de la pausa y lo presuntamente impostado.
Se ha caído un foco en el plató, se ha glitcheado la mujer del vestido rojo.
La ironía de frenar en seco para tomar inercia.
Que sí, que ya lo sé, que siempre es igual. Pero que no pasa nada hombre, que ya está asumido que los cambios y las inspiraciones no son permanentes. Tienen fecha de caducidad. Pero al ser tan escasos y llegar siempre sin aviso, tengo que agarrarme a ellos y a sentirlos como si esta vez sí fuese la definitiva. Aunque sepa de antemano que no. Que en algún momento ese sueño lúcido volverá a ser simplemente el mismo estado comatoso que de costumbre. Hay que disfrutar un poco del momento y fluir.
Aunque el pensamiento que fluye ahora sea:
si en este instante pudiese estar en cualquier lugar que yo quisiera ¿seguiría estando donde estoy?
Inevitablemente me traslado a la Biblioteca de Medianoche. Fantaseo con las diferentes líneas temporales, los paraleloshiftos posibles y cómo habrían resultado. Exploro los caminos que podrían haber sido, los que podrían ser llegados el caso. ¿Difieren mucho? ¿Escogería ese camino? ¿Estoy aquí porque quiero o porque dadas las circunstancias es el mejor escenario? ¿Lo es de verdad?
Aquí es cuando me empieza a petar la cabeza por todos los escenarios que me vienen a la mente teniendo yo la RAM desgastada. Pienso en las posibilidades, en los sueños, los deseos y hasta en planes. Me hago hasta un ránking de más a menos posible.
Pero entre todo ese caos miro a mi derecha. Veo a Marceline, en una ventana por fin abierta, mientras las dos disfrutamos del bajón del termómetro.
Miro mi mano, sin anillo.
Infartando por un momento, hasta que recuerdo que lo dejé descansando con su aliado cuando me puse a recoger en casa. En nuestra casa. La que no tiene lámpara en el dormitorio, está parcheada y siempre pendiente de actualización.
Y mi mano sin anillo (solo circunstancialmente) lleva toda la noche escribiendo. Abriéndose y dándole una nueva forma a sentimientos que llevaban dormitando más tiempo que yo misma. Por un rato, he me he acercado un poco más a la Silvia que no recuerdo ser, y que parece que es la única que recuerdo. Esta Silvia de endemientras es un poco coñazo, la verdad.
Creo que definitivamente lo que me falta es escuchar más música, ver el mar, un paseo nocturno en bici y reengancharme a la lectura.
Me atrevería a decir que anestesiarme con con el Baldur's Gates 3 y cruasanes del Mercadona también tienen su punto de apoyo, pero creo que ahí si que es la Matrix la que me dice que que la textura y el sabor así como la incapacidad de tomar decisiones incluso en un simple juego son nada más y nada menos que unos y ceros colocados estratégicamente.
Así que solo queda sacudirme la anemia, la astenia, sacar la cámara de fotos y volver a garabatear en el cuaderno junto a la mesita de noche.
Hasta que me vuelva a a dar la picá. Yo que sé.

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