No, he dicho hola, pero es casi lo mismo

Qué risa el otro día en el reconocimiento médico de trabajo.

Porque sí, a una no le gusta que le inviten a planes, pero ponme una bata blanca y un fonendoscopio por delante que esa fiesta no me la pierdo. 

El caso es que ahí estaba yo, sentada en la camilla en la, si no tercera, segunda analítica de la semana. Un pinchazo por aquí, un tensiómetro por allá, pulsioxímetro por acuyá. 

Y la pregunta de siempre: 

¿Estás nerviosa? 

No, mi ciela, no estoy nerviosa. Atacada, saturada, sobrepasada, desesperada... todo eso sí, supongo. Pero nerviosa no, no por las agujas, no ante la perspectiva de desayunar tortitas después del madrugón. 

Pero las casi 125 pulsaciones en reposo tenían sus diferencias de opinión conmigo misma. La verdad es que suele pasar, que el corazón se entere de las cosas antes de que mi cabeza sea siquiera consciente de qué es lo que ocurre, qué nos daña o qué nos ha devastado. 

 Y cuando le digo a la enfermera que básicamente ese es mi estado natural su respuesta no es otra que: "pues mira que es raro, porque simplemente viéndote y hablando contigo me transmites mucha calma".

Fue un comentario bonito, creo. Lo aprecié y sanó algo dentro de mi que no sabía que necesitaba una tirita y un beso en la frente. Me recordó a las veces que cuando mi trabajo consistía en intentar no engañar a viejecitos por teléfono me agradecían de corazón el trato, el tiento y el cariño que les hacía llegar simplemente escuchando y sonriendo a los cascos.

A mí eso era una cosa que me fascinaba, cómo podía ser yo capaz de tranquilizar a nadie y de hacerle sentir acompañado y agradecido, cuando en diez segundos tenía que condensar toda la infornación que me habían dado, de cómo lo había resuelto y rezar porque la siguiente llamada tardase solo quince segundos más en entrar para que me diese tiempo a una lloradita táctica. 


De la misma forma que me sigue sorprendiendo que la gente de primeras me vea como una persona capaz y con confianza en sí misma. Pero son tantos años enmascarada que supongo que a estas alturas me sale solo:

Sonreír, soltar un discurso prácticamente guionizado como si un saludo de Orange se tratase e intentar se lo menos políticamente incorrecta posible (spoiler: male sal)

Mi corazón va soltando con latidos de más las contestaciones, las voces, las quejas, las reprimendas y todas esas cosas que se me quedan atascadas en la garganta y en la punta de los dedos.

Ya lo dijeron, ya lo decía: Enmascarado paseo, larvatus prodeo. Y un poco gusano sí que me siento.

Naaaaah solo soy un gusano

Qué te digo, me aprieta la gomilla de la careta ya, me duele la cara la vida y el putísimo corazón para transmitiros calma mientras por dentro soy un volcán, el movimiento de mis piernas podría dar luz a una familia en Yakutia y el cuerpo me pide pegar un explotío. 

Esto en Hyrule no pasa. 

 

 

 

 

 

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